La Vanguardia ha publicado este 10 de septiembre de 2026 un extenso análisis histórico firmado por Iván Giménez Chueca que recorre la década de 1990 como el periodo en el que se fraguó el orden global actual, desde el colapso de la Unión Soviética hasta los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El artículo repasa cómo, tras la disolución de la URSS en 1991, Estados Unidos quedó como única superpotencia mundial. La economía globalizada se consolidó con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) en 1994 y el auge de las tecnológicas estadounidenses. Sin embargo, también surgió una oposición global heterogénea formada por sindicatos, ecologistas y movimientos antisistema.

Rusia, según el análisis, vivió una década humillante: su PIB cayó un 40 % entre 1991 y 1998, la inflación llegó al 2.000 % en 1992, y la OTAN se expandió hacia el Este incorporando a Polonia, Hungría y la República Checa en 1999. El desgaste del presidente Borís Yeltsin llevó a la entrega del poder a Vladímir Putin, quien afianzó su posición al ganar las elecciones del 26 de marzo de 2000.

Europa, por su parte, avanzó en su integración con el Tratado de Maastricht de 1992, que sentó las bases de la Unión Europea y la unión monetaria, mientras que China crecía a tasas superiores al 10 % anual y culminó la década ingresando en la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2001.

El análisis dedica una parte central a la gestación de la amenaza yihadista. Tras la retirada soviética de Afganistán en 1989, Osama bin Laden —procedente de una de las familias más ricas de Arabia Saudí— fundó Al Qaeda en Peshawar (Pakistán) el 11 de agosto de 1988. La invasión de Kuwait por Irak en 1990 y el despliegue de tropas estadounidenses en territorio saudí llevaron a Bin Laden a declarar la guerra a EE. UU. en 1996. Los atentados contra las embajadas de Nairobi y Dar es-Salam en 1998, que mataron a 224 personas, fueron el preludio de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

El artículo detalla cómo, en la primavera de 1999, Bin Laden convocó una reunión secreta en Kandahar con Jaled Sheij Mohamed y otros comandantes para planificar el uso de aviones secuestrados contra la Casa Blanca, el Pentágono y el World Trade Center. Cuatro jóvenes, entre ellos el egipcio Mohamed Atta, viajaron a EE. UU. para formarse como pilotos. La cadena de errores y recelos entre la CIA y el FBI impidió desarticular la trama.

Casi tres mil personas murieron el 11-S: 2.606 en el World Trade Center, 265 en los vuelos (incluidos los 19 terroristas) y 125 en el Pentágono. «La magnitud de los ataques hizo despertar a EE. UU. de la sensación de seguridad que se había gestado en la década previa», concluye el texto, que señala que las guerras de Afganistán e Irak y los atentados de Al Qaeda en Bali, Madrid y Londres marcaron el inicio del siglo XXI.