Колумнист Fèlix Riera publicó este 19 de agosto en La Vanguardia un artículo de opinión titulado «La sombra», en el que analiza la evolución del concepto de «mala sombra» —expresión popular que señala a quien altera la serenidad o actúa con malicia— hacia el término moderno de «tóxico». El texto, fechado a las 00:30 horas, invita a reflexionar durante el verano sobre las influencias negativas que nos rodean.

Riera recuerda que en la antigüedad existía la creencia de que ciertas personas, lugares e incluso árboles proyectaban una influencia negativa, y sostiene que esa observación ancestral encierra sabiduría. «Hay personas, acontecimientos, espacios e incluso palabras que proyectan una pesada sombra sobre el ánimo y el deseo de vivir», escribe, citando a Francisco José Eguibar Padrón.

El columnista traza un paralelismo entre la «mala sombra» —que opera como símbolo de oscuridad, sigilo o acecho— y lo «tóxico», término que, según explica, «se centra en establecer una imagen directa con algo venenoso que causa daños físicos en el organismo y que puede llegar a matar». Su tesis central es que «la sombra de nuestro tiempo ya no es mala, es una sombra tóxica», que remite a un estado de envenenamiento que alguien detecta al entrar en contacto con personas y situaciones que «se apoderan de su mente y su voluntad».

Riera contrapone este concepto con el de «buena sombra», aquella que protege, refresca y juega con quien la proyecta, mencionando incluso la obra del pintor renacentista Masaccio, «San Pedro cura a los enfermos con su sombra», como metáfora del milagro. «Si existe lo tóxico —concluye— es porque también hay a nuestro alrededor personas, lugares e instituciones que son positivas, que dan ganas de vivir». El artículo, publicado en pleno agosto, invita a tomar conciencia de la necesidad de alejarse de todo lo que «nos perturba, nos lesiona y nos reduce a una servidumbre sin propósito».